Santísima Virgen,
que acompañas por los caminos del mundo
a los que expatrian en busca de trabajo y de pan.
Tú que conoces también el exilio,
mira piadosa nuestra condición
y bendiciendo a quienes nos hospedan,
vela te rogamos,
sobre todo a aquellos a quienes
la necesidad obliga a dispersarse,
y a quienes la fraternidad ajena
acoge asociándolos al esfuerzo común
de los propios trabajos.
mira piadosa nuestra condición
y bendiciendo a quienes nos hospedan,
vela te rogamos,
sobre todo a aquellos a quienes
la necesidad obliga a dispersarse,
y a quienes la fraternidad ajena
acoge asociándolos al esfuerzo común
de los propios trabajos.
Tú, ayuda de los cristianos,
consoladora de los afligidos,
sé la madre amorosa de aquél
que ha sido forjado por la suerte
a vivir lejos de su patria,
luchando ansiosamente
consoladora de los afligidos,
sé la madre amorosa de aquél
que ha sido forjado por la suerte
a vivir lejos de su patria,
luchando ansiosamente
por sí y por los suyos,
y que con frecuencia,
no encuentra cerca de sí
y que con frecuencia,
no encuentra cerca de sí
a quien comprenda plenamente sus penas,
reanime sus fuerzas y levante,
con la voz de la sangre,
reanime sus fuerzas y levante,
con la voz de la sangre,
su espíritu abatido.
