Postrado hoy ante Vos,
Santísima Virgen de la Medalla Milagrosa
Señora de Belleza inigualable,
concebida sin mancha de pecado,
mi corazón os saluda pleno de alegría
y os elijo, desde ahora para siempre,
por mi Madre, abogada, reina
y Señora de mi vida, de todos mis actos,
por mi Madre, abogada, reina
y Señora de mi vida, de todos mis actos,
y como protectora ante la majestad de Dios,
ante quién he de rendir cuentas
llegado el momento del final
de mi paso por este mundo terrestre,
y de dar explicaciones de mis actos en él.
Yo os prometo, Virgen purísima,
dedicaros todo mi amor y mi devoción,
no olvidaros jamás, ni vuestro culto,
ni los intereses de vuestra gloria,
a la vez que os prometo también
promover en los que me rodean vuestro amor.
Yo os prometo, Virgen purísima,
dedicaros todo mi amor y mi devoción,
no olvidaros jamás, ni vuestro culto,
ni los intereses de vuestra gloria,
a la vez que os prometo también
promover en los que me rodean vuestro amor.
Santísima Madre mía, mírame hoy,
con esa mirada tuya llena de ternura
y socórreme en mis necesidades,
que son abundantes y de difícil solución,
por lo que me angustian y debilitan,
sin encontrar yo una solución para ellas.




