“Os adoro, amable Niño de los pobres,
el más humilde y el más grande
de los hijos de los hombres,
el más pobre y el más rico,
el más débil y el más poderoso.
Os bendigo, porque,
Os bendigo, porque,
os habéis dignado descender hasta mí,
para ser mi modelo en la práctica,
de todas las virtudes,
mi guía en las dificultades de la vida
y mí consuelo en los días de aflicción.
Os amo, porque,
Os amo, porque,
venís a mí con amor infinito;
con amor generoso,
al que no cansan mis ingratitudes;
con amor obsequioso, que se anticipa
a los tardíos impulsos de mi corazón;
con amor paciente,
que espera mi petición
para amarme más tiernamente aún.
