¡Oh paciente y gloriosa Santa Rita,
Abogada de los casos desesperados,
última esperanza de los afligidos,
amparo y refugio en el dolor,
las necesidades y la desesperación:
Con toda la confianza en tu celestial poder,
Con toda la confianza en tu celestial poder,
recurro a ti en el caso difícil,
imposible para mi,
de fácil resolución para ti,
que oprime dolorosamente mi corazón,
y mortifica mi vida.
Dime, oh Santa Rita,
Dime, oh Santa Rita,
¿no me vas a ayudar tu?,
¿no me vas a consolar?
¿Vas a alejar tu mirada y tu piedad
de mi corazón, tan sumamente atribulado?
¡Tú sabes muy bien
lo que es el martirio del corazón,
tan sumamente atribulado!

