jueves, 15 de septiembre de 2016

ORACION DE LA GRACIA DE SAN CIPRIANO Y SANTA JUSTINA PARA SANACIÓN DE TODO MAL


En nombre de Dios Padre,
Hijo y Espíritu Santo,
que son tres personas y un solo Dios verdadero,
que reina por siempre y sin final.

Amén.

A vos, glorioso San Cipriano,
servidor de Dios nuestro Señor,
dotado de gran entendimiento
por el honor de la Santa Cruz de Dios.
 
Cipriano Santo,
alabado en los tiempos antiguos,
contempla la enfermedad de tu servidor...

En un principio, Cipriano,
por sus maldades, cayó en poder del demonio
y no conocía vuestro Santo nombre.
 
Deshacía las nubes
para que no lloviese sobre la tierra,
y la tierra no daba frutos;
dispersaba a los peces
para que no pudieran ser pescados,
y les hacía a los hombres
otras grandes maldades;
las mujeres cuando estaban preñadas
no podían parir.
 
Todas estas cosas
las hacía en nombre del diablo.

Ahora, arrepentido como San Cipriano,
en nombre de Dios Jesucristo y de Santa Justina,
conociendo vuestro santísimo nombre,
santificado y amoroso,
arrepentido de la multitud de mis pecados,
os acepto con todo mi corazón
y toda mi voluntad,
me acojo a vuestro divino amor
y a vuestros mandamientos,
para que me guarde el Señor.

Os suplico me concedáis
vuestra gran misericordia,
vos que sois la palabra del mundo,
poder tan poderoso que rompe y deshace
las ligaduras de todas las criaturas,
de todos los hombres y mujeres,
que hace que caiga la lluvia sobre la tierra,
que den sus frutos los árboles,
las mujeres den a luz a sus hijos
sin ninguna dificultad y mamen
la leche de los pechos de sus madres,
que haya peces en el mar
y animales sobre la tierra,
y que se desliguen todos los ligamentos,
que se hacen bajo el Cielo.
 
Todas las cosas que todos
los hombres y mujeres
han sufrido por malos hechizos,
de día y de noche,
todas sean deshechas y desligadas
por el santo nombre de Jesús;
sea deshecho todo mal enemigo mío,
aquel o aquella,
y todo mal sea deshecho y desligado,
así como los hechizos y las malas obras,
y que mis obras y las suyas
no sean de provecho delante del Señor.

Y que nos guarde de noche y de día
del diablo, de su poder y de todos sus hechizos,
por el santo nombre de Dios glorificado,
subamos al Cielo desde la tierra,
alabemos a Emanuel,
que es la palabra de Dios, puro y glorificado.
 
Así como la piedra seca fue abierta
y daba de sí agua
de la que vivían los hijos de Israel,
así, Señor Todopoderoso,
colocad la mano, llena de la divina gracia,
sobre vuestro servidor (o servidora),
que llevará siempre esta oración consigo,
la enseñará o la tendrá en su casa.
 
Por siempre sea así, Señor.
Vos, que pusisteis a Adán
al comienzo del mundo,
en el paraíso terrenal,
igual que pusisteis un rio,
del que surgían cuatro ríos,
que son Gión, Prisión, Tigris y Eufrates,
a los que ordenasteis regar todo el mundo;
por tales cosas os suplico, Jesucristo,
que al tratar o al contratar
no me pueda detener ni impedir
el diablo maldito con su mal espíritu,
ni con ningún juramento ni fechoría,
por envidia contra este servidor vuestro.
 
Amén Jesús.


 

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